Mi cómplice la lluvia

 

Ayer estaba sentada en una terraza

deleitándome con la espuma de mi capuccino,

cuando arrugué la nariz

y detecté un olor bien conocido.

Sonreí inconscientemente y

poco después comenzó a chispear.

Una absurda cantidad de gente

se levantó para cobijarse en los soportales.

Yo me quedé ahí, mirándolos.

Preguntándome si estaban todos locos

por esa renuncia colectiva a la grandiosidad.

Di otro sorbo a mi café.

Me miraban como si la loca fuese yo.

 

plazamayorcharco700.JPG

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