Al remordimiento de Borges

 

No cometiste el peor de los pecados, amigo.

Aunque no es a mí a quien corresponde

consolarte por no cumplir aquella voluntad,

y aunque ya seas polvo, o cenizas, o ambas cosas,

permíteme que aún en mi juventud

tenga la suma arrogancia de corregirte.

 

La felicidad no existe.

Al menos, no en el tiempo.

Quiero pensar que abrazaste esta evidencia

y asumiste que a lo largo de tu vida

pudiste recoger instantes.

Quiero pensar que, siendo ya muy viejo,

pudiste crear con ellos un cúmulo

que te llevase a sonreír y a pensar:

“he sido feliz a fragmentos”.

El único modo en que uno puede serlo.

 

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Jorge Luis Borges (1899-1986).

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