Desencanto en la madurez

 

 

Quién no querría retornar

a aquellos días en los que

se era tan humildemente feliz

que una pequeña mancha

en el abrigo era un caos y

brotaban lágrimas de los ojos

como gotas de las nubes,

pues el llanto incontenible

llega de la mano de la felicidad

y no de la melancolía perpetua,

que seca los ojos de cualquiera

para que observen con resignación.

Pero no me hagáis caso.

Es sólo un desencanto con el mundo.

 

El niño que llora Bruno Amadio.jpg
Bruno Amadio (1911-1981), El niño que llora.

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