El ojo del huracán

 

Es una paz esta que siento que tiemblo

de deleite y miedo ante el fin de temporada.

Quizás esté ahora en el ojo del huracán

ecuánime confiada, acechándome

la tormenta el caos la nueva duda y

un voluble aunque acertado equilibrio

que me ayuda a cruzar acantilados

por una frágil cuerda.

Veo el final pero quién sabe…

Puede que ceda ante mi peso o que ruja

el viento arrojándome al abismo,

pues el destino se mueve por capricho

y nunca deja de sorprender.

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Eugène Delacroix, Caballo asustado por una tormenta, 1829.

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