2666

Tengo mucho que decir sobre esta obra de Roberto Bolaño (1953-2003). En primer lugar, quiero mencionar dos datos importantes: es una obra póstuma y en un principio fue proyectada por Bolaño para ser publicada como cinco libros que cerrarían una saga. Seguramente no haga falta mencionar el hecho de que es, muy posiblemente, uno de sus trabajos más famosos junto con Los detectives salvajes o El tercer Reich, aunque resulta difícil destacar algo concreto en Bolaño, ya que no se puede negar su reconocimiento en el mundo de la literatura. Lo que siento es haberme sumergido por primera vez en su obra precisamente con este título, y me explico.

Los cinco libros que habrían conformado el producto final de la idea originaria se convierten en cinco partes o capítulos[1]: “La parte de los críticos”, “La parte de Amalfitano”, “La parte de Fate”, “La parte de los crímenes” y “La parte de Archimboldi”. Partamos de la idea de que las cinco están interrelacionadas entre sí. Habrá quien afirme que el nexo común son los crímenes[2] que se producen en la ciudad ficticia de Santa Teresa[3], en México; asesinatos y violaciones de mujeres insertas en un amplio abanico de edades, aunque con una marcada tendencia a la juventud. No obstante, creo que es evidente que el nexo común es el propio Archimboldi, un escritor alemán cuya figura, rodeada siempre de un halo de misterio, abre y cierra lo que considero una obra cíclica, que no lineal.

Me detengo un momento para explicar esta idea, pues sin ella no podría entenderse la obra. Rechacemos la idea de una historia con un principio y un final: no es eso lo que el lector potencial debe buscar en este título de Bolaño. Lo que se encontrará será una historia sin resolver, una historia cuyo final nos deja con los hombros caídos y un gesto de resignación en la mirada, pues creo que instintivamente siempre buscamos, en nuestro oficio de lectores, un resultado, algo que nos permita cerrar nuestro libro, ya sea con un suspiro de alivio, de emoción o de tristeza.

En mi opinión, las mejores partes son la primera y la última, lo que subraya mi idea del carácter cíclico del conjunto, ya que las partes intermedias funcionan como una especie de motor que impulsa la trama, con mucha fuerza en algunos casos, hacia el final del ciclo. La parte dedicada a Amalfitano tiene connotaciones filosóficas y estéticas muy vanguardistas y quizás sea esa la razón por la que se hace un poco más compleja su lectura. La parte de Fate me dejó bastante fría y creo firmemente que el conjunto de la obra habría funcionado a la perfección sin ella; es, quizás, la menos trascendente en todos los sentidos. Me detengo un poco más en la parte de los crímenes: no sólo se me ha hecho interminable, sino que con toda sinceridad, me ha resultado repugnante. Como es evidente, el lector espera encontrarse con el momento más duro de la novela, pues a esas alturas puede anticipar una descripción pormenorizada de los crímenes y violaciones que se dan en Santa Teresa. Lo que probablemente no espere es la ingente cantidad de crímenes y escenas descritas, que –aviso– pueden llegar a ponernos mal cuerpo, algo que hasta ahora no me había ocurrido. Me ha parecido viciosa e innecesaria, en ese orden.

En lo que respecta al título, muchas hipótesis y pocos resultados claros. No se sabe con certeza si hace referencia a un año futuro en el que se podría englobar de algún modo el conjunto de personajes y acontecimientos que se suceden. Personalmente, me inclino a pensar que guarde algún tipo de relación con la cantidad inmensa de asesinatos de mujeres que se produce, aunque eso es algo que dejo para los expertos en el autor. No hay referencia explícita a esa cifra en ninguna de las 1180 páginas de la obra, aunque en algún momento se menciona un número que se le puede acercar.

Podría decir muchas más cosas sobre esta obra, pero tengo la intención de hacer reseñas asequibles y no demasiado extensas, por lo que terminaré destacando un par de reflexiones que, una vez más, coinciden con la primera y última parte, y que son las únicas que me ha merecido la pena destacar o, incluso, rescatar de este caótico pozo: en la parte de los críticos, concretamente en las páginas 44 y 45, hay una reflexión muy interesante en torno a Grosz[4]. También me gustó bastante una reflexión alrededor de la escritura que se desarrolla entre las páginas 1040 y 1045.

Sería hipócrita e irresponsable dar fin a esta reseña sin otorgar a Bolaño el reconocimiento que creo que se merece como escritor pues, independientemente de que esta novela no haya sido santo de mi devoción, cualquiera podría ver la calidad de su narrativa, su enorme capacidad para desarrollar una notoria cantidad de personajes con particularidades visibles o su responsabilidad para con la escritura en general, a la que debió tener un respeto intachable.

Siempre intentaré rescatar una frase o una idea en cada una de mis reseñas que, de algún modo, me haya llegado al corazón. Empiezo pues, con Bolaño: “con un ojo leía, con el otro escribía” (página 1115).

 

Bolaño, 2666.jpg
Fotografía: Ana Fernández

Roberto Bolaño, 2666, Debolsillo, 2017 (2004), 1180 páginas.

 

NOTAS:

[1] Aunque cualquier lector puede entender estas partes como capítulos, no me gusta darles ese nombre por no corresponder con la idea del propio autor, que como bien se aprecia en los títulos, habla claramente de “partes”, algo que considero no está hecho al azar.

[2] Feminicidios.

[3] Trasunto indudable de la ciudad de Juárez.

[4] George Grosz (1893-1959) fue un pintor expresionista alemán.

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