Poesía completa (1970-2000)

Quiero empezar diciendo, antes de analizar la obra de Panero, que por lo general no podré hablar negativamente de una editorial como es Visor, quizás la mejor en su especialidad[1] que tenemos en España. Las ediciones de libros que me encuentro publicadas por esta editorial me resultan exquisitas en todos los aspectos.

No poco ambiciosa es esta edición dedicada a la poesía que escribió Leopoldo María Panero (1948-2014) entre 1970 y 2000, no sólo en lo que respecta al contenido, que evidentemente abarca muchos poemas, sino también en lo que concierne a la responsabilidad implícita de ofrecer al lector un recorrido adecuado en la obra de uno de los Novísimos[2], más tratándose de Panero, cuya vida y obra queda insertada en una ola de oscuridad sin precedentes[3].

Ya comienza diciendo el experto en la figura de Panero, Túa Blesa, que “la lectura de esta obra es, pues, un desafío, ante el cual no cabe indiferencia alguna”. No puedo detenerme demasiado en la introducción que hace de la figura y obra del poeta, por lo que me conformaré diciendo que me parece magnífica. Ciertamente, en la poesía de Leopoldo María Panero me he encontrado con una profunda reflexión en torno a una serie de ideas que se repiten y merece la pena mencionar. Pocas veces he podido aplicar el concepto de “desafío” a una de mis lecturas (y no siempre en el sentido positivo), pero sin duda ésta ha sido una de esas ocasiones, por lo que esa frase de Blesa me parece realmente acertada. Pero, ¿por qué la obra de Panero supone un desafío?

Porque nos rompe. Olvidémonos del concepto de estética que ha venido ligándose al arte de la poesía a lo largo de los tiempos, pues queda totalmente anulado en la obra de este poeta. Tampoco quiero que se piense que acudir al trabajo de Panero es sinónimo de sumergirse en lo grotesco, lo deformado o lo vulgar. No. Introducirse en su obra puede suponer para un lector de poesía emprender un camino hacia un mundo de contrastes, contradicciones e inestabilidad o, al menos, eso es lo que ha supuesto para mí. No se trata de la idea de belleza, ni de la idea de fealdad, sino de su choque, de las ondas expansivas que se producen tras la explosión que nace al intentar unir dos opuestos.

Por otra parte, creo que no se puede entender a Panero sin asimilar su rechazo a la ortodoxia literaria y, más concretamente, poética. Creo que puedo decir abiertamente que, al menos hasta el día de hoy, es el poeta en el que mayor uso he visto de una exacerbada libertad en su creación. En otras palabras: la poesía de Panero es estricta e ineludiblemente libre (qué irónico). Será precisamente por este motivo por el que a muchos lectores potenciales no les guste su obra. Y es por ello que insisto en ofrecer aquí un humilde consejo: procuremos partir de cero con Panero, por mucho que hayamos leído; intentemos olvidarnos del concepto de “poesía” tal y como lo conocemos o lo percibimos, incluso teniendo en cuenta que cada uno de nosotros tiene una concepción diferente y única.

Podría decir muchísimas más cosas, pero me detengo sólo en las siguientes. Destaca en sus versos una constante advertencia sobre el peligro de la poesía, la cual es causa última de autodestrucción:

“Bajo el oro de lo escrito muere el papel siempre en vano” (Un golpe de dados no abolirá el azar, p. 491).

El autor se sumerge en lo que se podría denominar una búsqueda estética de la poesía que escapa totalmente de lo convencional, pues es opuesto a ello. En un mundo de contrastes entre fealdades y bellezas, hace gala de su completa libertad para ensalzar todo aquello que podría considerarse banal e, incluso, soez, convirtiéndolo en poesía y embargándolo con una oscuridad que no puede crear más que deleite en el lector:

“Vida y muerte, las dos fechas” (Teoría, p. 77).

La locura, entendida no sólo como temática, sino también como creadora, supone el culmen de algo muy grande:

“Te asomaste con pánico a su delirio” (Pavane pour un enfant défunt, p. 146).

Panero se convierte por tanto en una figura que ha logrado no sólo atraerme, sino también atraparme en sus versos:

“Yo que todo lo prostituí, aún puedo prostituir mi muerte y hacer de mi cadáver el último poema” (Dedicatoria, p. 226).

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Leopoldo María Panero, Poesía completa (1970-2000), Visor, 2010 (2001), 587 páginas.

 

NOTAS:

[1] Poesía.

[2] Grupo de poetas que recibe su nombre de Nueve novísimos poetas españoles, obra del crítico José María Castellet (1926-2014) que fue publicada en 1970 y presenta a nueve poetas seleccionados, entre ellos Leopoldo María Panero.

[3] Estamos hablando de un hombre afín, desde sus comienzos, a la izquierda radical y antifranquista, lo que le llevó a prisión. Desde pronto vivió experiencias con las drogas (precisamente, en esta obra hay una colección de poemas que escribió en 1992 y que está dedicada a la heroína) y ya en 1968 fue ingresado por primera vez en un psiquiátrico, aunque su estancia en el psiquiátrico de Mondragón se convertiría en algo permanente en la década de los ochenta, estancia que también tiene su amplio reflejo en esta obra.

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