Bukowski esencial: poesía

Antes de sumergirme en esta obra había leído ya algunos poemas de Bukowski y, si bien unos me intrigaron, otros me crearon cierto rechazo. No obstante, tenía la sensación de que si profundizaba un poco en su obra lograría comprenderle y acabaría admirándole. Es por ello que terminé decantándome por esta hermosa edición de Visor que se presenta ante nosotros como una especie de antología de la antología: el autor escribió alrededor de cinco mil poemas, por lo que podréis intuir el ambicioso proyecto de la editorial, que finalmente tuvo que conformarse con reunir noventa y cinco poemas del colosal conjunto. Por supuesto, siempre defenderé las antologías a la hora de introducirse por primera vez en la obra de cualquier poeta, pero en este caso específico esa necesidad se hace, lógicamente, más notoria.

Ésta es una edición bilingüe, de modo que quien así lo quiera podrá leer los originales del autor y su consiguiente traducción.

Charles Bukowski (1920-1994) es uno de los máximos representantes del realismo sucio[1], por lo que su obra está dirigida o bien a un tipo de lector de poesía muy concreto o bien a un tipo muy abierto. Voy a destacar algunos temas que se repiten constantemente en su obra. En primer lugar, las mujeres, en todas las cuales parece existir un odio común hacia la figura del poeta:

“¿y qué sabes del amor?

¡para ti es una palabra obscena! “amor” (…).

¿es que no quieres luchar por lo nuestro?

dime, ¿por qué tienes miedo del coño de una mujer?”[2].

Otro tema que se repite es el del oficio de escribir; el autor no deja de lanzar advertencias sobre los riesgos que entraña la escritura y su obra se convierte en un claro reflejo de lo que le ha hecho a él. Creo que el poema que mejor muestra esta idea es ¿quieres salir al ruedo?, que se ha convertido en uno de mis favoritos (por la parte que me toca):

“No malgastes las páginas con tus

necedades.

las bibliotecas del mundo

se morirán de

aburrimiento

no lo empeores

no lo hagas[3]”.

Me gustaría señalar “el autor” como tema propiamente dicho: Bukowski se deforma hasta límites grotescos, pero sin vergüenza, aceptando no sólo que es un hombre feo, sino perfilándose como un hombre que no merece la pena en muchos sentidos y aceptando, a medida que cumple años, que el consumo de alcohol sube y la calidad de su poesía baja:

“y después en la habitación

bebo whisky y cerveza:

la sangre de los cobardes.

este pues

será mi destino:

ganar una miseria en las salas pequeñas y oscuras

por leer poemas de los que me he hartado hace ya

mucho”[4].

Como veis, se trata de una serie de obsesiones que se repiten a lo largo de las páginas y que, como pertenecientes a este movimiento, nos llevan a introducirle en la categoría de poeta maldito[5], al igual que ocurría con Panero. Podría destacar algunas más, como una sutil tendencia a la exaltación de la nostalgia que, a pesar de ello, no me ha pasado desapercibida:

“sólo que ahora

en lugar de

acercarnos

al tiempo

el tiempo

se acerca

a nosotros[6]

No he podido evitar pensar en Salinger mientras leía la obra. Bukowski y él fueron casi coetáneos y ambos representantes del realismo sucio, por lo que la influencia estaría justificada aun hablando de géneros distintos (novela y poesía). Quizás esta influencia sea recíproca, aunque me inclino más a pensar en la influencia de Salinger en la obra de Bukowski.

Me han llamado mucho la atención los últimos versos de los poemas. Creo que a todos los que escribimos poesía nos gusta crear finales que estén a la altura de lo que hemos escrito, pero también creo que nunca debemos forzarlos. No me parece que Bukowski los fuerce, sino todo lo contrario: parecen tener el deber único de estar donde están.

Leo mucha poesía y en la mayoría de los casos me cuesta mucho seleccionar algún poema que destaque entre todos los demás. En esta ocasión, sin embargo, sí que me puedo atrever a ello sin titubear demasiado: la ducha me ha parecido sublimemente sucio y vulgar al mismo tiempo que perfecto reflejo del amor auténtico; jamás pensé que pudiese existir esa combinación en un poema. El pájaro azul no sólo me ha llegado al corazón, sino que me ha ayudado a comprender un poco el alma de este poeta maldito al que, con toda seguridad, volveré:

“tengo un pájaro azul en el corazón que

quiere salir

pero soy muy duro con él,

le digo, quédate ahí, no dejaré

que te

vean”[7].

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Fotografía: Amazon

Charles Bukowski, Bukowski esencial: poesía, Visor, 2017, 480 páginas.

 

NOTAS:

[1] El realismo sucio es un movimiento literario que surgió en Estados Unidos en el siglo XX. Se caracteriza por la reducción del lenguaje a su esencia más elemental, llegando a formar parte de ello lo que podría considerarse vulgar. Superficialidad, concisión y sobriedad son quizás las palabras que mejor lo definen.

[2] “Tenemos que comunicarnos”, Charles Bukowski, Bukowski esencial: poesía, Visor, 2017, pp. 273 y 275.

[3] Op.cit., p. 435.

[4] “El recital poético”, Opt.cit., p. 141.

[5] Este término, aunque se aplica a día de hoy a ciertos poetas, tiene su origen en Los poetas malditos, conjunto de ensayos publicados en su versión definitiva en 1888 por el poeta francés Paul Verlaine. Podemos entender como “poeta maldito” al que posee un don literario que, al mismo tiempo que le conduce a crear una gran obra, le conduce también a su autodestrucción: vidas trágicas, marginamiento social, alcoholismo, drogas y pesimismo son sólo algunas de las cosas que han caracterizado la vida de estos escritores.

[6] “Suerte”, op.cit., p. 307.

[7] Op.cit., p. 419.

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