Sapiens. De animales a dioses

Antes de adquirir Sapiens, quise documentarme un poco acerca de la polémica que ha generado. Los expertos en las diferentes materias de estudio siempre están dispuestos a arrojar luz sobre la legitimidad y calidad de una obra concreta y, gracias a ellos y ellas, los lectores en potencia podemos decidir si merece o no la pena sumirse en su lectura. Como historiadora del arte, lo entiendo muy bien. Sin embargo, a medida que me documentaba sobre las cuestiones más polémicas que plantea el historiador, más ganas tenía de leer sus propuestas.

Las obras divulgativas –creo que Sapiens se debe señalar con esta etiqueta, aunque luego podríamos hablar de “antropología”, “ensayo”, etcétera– son aquellas que están al alcance de todo el público. En este sentido, la obra de Harari está escrita en un lenguaje sencillo, desenfadado y fluido, siendo éste uno de sus principales atractivos.

Creo que, como lectores, podemos enfrentarnos a dos tipos de obras divulgativas: las que se han hecho famosas porque las ha escrito cierta persona, pero no tienen fundamentos teóricos ni científicos sostenibles (o simplemente son malas lo miremos por donde lo miremos), y aquellas que sencillamente cobran fama porque, ya sea por generar polémica e incentivar airosos debates, o por su indiscutible calidad, se abren camino entre un gran público. En mi opinión, la obra de Yuval pertenece al segundo grupo y, por ello, recomiendo encarecidamente su lectura.

Obviamente, esto no significa que debamos estar de acuerdo con todo lo que propone: podemos rebatirle, contrastar su opinión con la nuestra e incluso, si nos gusta mucho el tema, con la de otros expertos (no olvidemos que Yuval es profesor de Historia en la Universidad Hebrea de Jerusalén). A propósito de esta idea, aquí os dejo un enlace con la entrevista que le hacen a Juan Luis Arsuaga, el famoso paleoantropólogo de la Universidad Complutense de Madrid, sobre su postura con respecto a los postulados de Harari[1].

Dicho esto, creo que ya puedo ofreceros una breve reseña de la obra.

En primer lugar debemos hacernos dos preguntas como lectores en potencia. La primera siempre es la misma: ¿qué me apetece leer? Personalmente, aunque tengo ciertas predilecciones, me considero una lectora compulsiva y no sólo abarco todos los géneros, sino también un amplio abanico de temas: este año he leído desde narrativa y novela, hasta poesía, ensayo, crítica y debate; también me he sumergido en obras históricas, biológicas, astrofísicas, filosóficas y religiosas. Sin embargo, coincidiréis conmigo en que, en ocasiones, como buenos lectores siempre tenemos alguna apetencia especial.

La segunda pregunta que debemos hacernos es: ¿responde la obra que tengo en mente a lo que me apetece leer? Puede pareceros absurdo, pero en el caso de Sapiens considero que es imprescindible hacérsela. Si os apetece leer un manual de la historia universal, Sapiens no es vuestra obra. Si os apetece hacer un fugaz aunque convencional recorrido por los acontecimientos históricos más trascendentes de la humanidad, tampoco lo es; si estáis pensando más bien en un análisis de la historia desde el punto de vista de la evolución humana, tampoco esto se ajusta exactamente a lo que podéis encontraros.

Lo que ofrece el autor es un recorrido por el pasado, el presente y el futuro de la humanidad desde un punto de vista antropológico que mama de premisas hasta ahora no planteadas, al menos no al nivel en que él lo hace. Me explico.

La obra se divide en cuatro partes. La primera (La revolución cognitiva) analiza los orígenes del mundo, la llegada del género Homo y el triunfo final de los Homo Sapiens sobre el resto de seres vivos gracias a la creación del lenguaje. La segunda (La revolución agrícola) habla sobre la transformación de las sociedades nómadas de cazadores-recolectores en sociedades sedentarias de agricultores y ganaderos. Según el autor, esta transformación llevó al surgimiento de sociedades mucho más complejas por la necesidad de organizar los bienes –que evidentemente experimentaron un gran crecimiento–, lo que a su vez tuvo como consecuencia una marcada jerarquización. La tercera parte (La unificación de la humanidad) se desarrolla a partir de dos inventos de gran trascendencia para la humanidad: el dinero y los imperios; además, se dedican varias páginas muy interesantes al papel de las religiones. La cuarta y última parte (La revolución científica) se dedica a hablar de los avances científicos que han tenido lugar en los últimos cinco siglos, evaluando el cómo han transformado la sociedad y cómo pueden seguir haciéndolo. Todo esto grosso modo, pues debéis saber que cada una de estas cuatro partes está a su vez dividida en varios capítulos.

Puede que tras leer este brevísimo resumen, os parezca que la obra no tiene nada de especial, pero os voy a sacar de ese error: en esta obra, la historia humana está ineludiblemente conectada a una premisa que él ya subraya en el segundo capítulo de la primera parte:

“No hay dioses en el universo, no hay naciones, no hay dinero, ni derechos humanos, ni leyes, ni justicia fuera de la imaginación común de los seres humanos”[2].

Para Harari, el gran salto evolutivo de Homo Sapiens se produce gracias al lenguaje, que no sólo permite a los seres humanos comunicarse, sino también tejer “redes de ficciones” que permiten el correcto funcionamiento de enormes grupos organizados. Lo que nos distingue de otros seres vivos es nuestra capacidad para crear fantasías a partir de la realidad. Con esto, el historiador hace uso de un concepto provocador y a la vez brillante: los Homo Sapiens debemos nuestra posición en el mundo a nuestra enorme capacidad de autoengaño.

Otra de las principales cuestiones que trata Harari es el precio que hemos pagado, como especie, para llegar hasta donde estamos. Concretamente, el autor alude al hecho de que nuestra especie fue la culpable de tres extinciones: por un lado, la del Homo Neanderthalensis; por otro, la de la mayoría de la megafauna australiana y americana.

Hay dos ideas que podrían considerarse polémicas pero que sin duda me gustaría destacar por encima de otras: por un lado, el autor no considera los sistemas político y económico como tal cosa, sino como auténticas religiones; el mejor ejemplo de ello es el capitalismo:

“A los bancos se les permite prestar diez dólares por cada dólar que posean realmente, lo que significa que el 90 por ciento de todo el dinero de nuestras cuentas bancarias no está cubierto por monedas y billetes reales (…). Lo que permite que los bancos (y la economía entera) sobrevivan y prosperen es nuestra confianza en el futuro. Esta confianza es el único respaldo para la mayor parte del dinero del mundo”[3].

Por otro lado, defiende que el sistema político más exitoso de los dos últimos milenios ha sido el imperio. Pero no es mi intención desvelaros los argumentos que respaldan estos dos postulados: merece la pena que los leáis.

El historiador aborda muchos más aspectos de la vida de los seres humanos, desde el origen de las diferencias de género y estatus hasta la explotación animal o la ausencia de guerras a nivel mundial en la actualidad. En mi opinión, ofrece una visión muy completa de la historia del ser humano como especie, siempre y cuando tengamos en cuenta que no pormenoriza en muchos acontecimientos históricos, culturales, artísticos etcétera que sin duda influyeron en el futuro de la humanidad. Sin embargo, si termináis leyendo la obra os daréis cuenta de que esto es totalmente comprensible: sólo tiene quinientas páginas y, además, el objetivo de Harari no es historiar la Historia, sino todo lo contario.

En internet podréis leer críticas y artículos[4] sobre este ensayo que, independientemente de las opiniones que suscite, es indiscutiblemente ambicioso.

HARARI, De animales a dioses.jpg
HARARI, Y.N., Sapiens. De animales a dioses, Debate, 2015 (2011), 496 páginas.

 

NOTAS:

[1] Millenium – De animales a dioses

[2] HARARI, Y.N., Sapiens. De animales a dioses, Debate, 2015 (2011), p. 41.

[3] Op.cit., p. 338.

[4] Os ofrezco dos artículos de diferentes periódicos que me han gustado particularmente:

Pablo Jáuregui (El Mundo) sobre la publicación de la obra en España y una síntesis de las ideas más importantes propuestas por Harari: “Sapiens”: el mono que se convirtió en dios

Crítica de la obra por Antonio Muñoz Molina (El País): Ficciones convenientes

 

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