Nueve cuentos

Jerome David Salinger (1919-2010) escribió cuatro obras: El guardián entre el centeno (1951), Nueve cuentos (1953), Franny y Zooey (1961) y Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción (1963)[1].

Creo que es el único autor del que puedo decir que no me habría atrevido a empezar a reseñar sus obras hasta habérmelas leído todas. Quizás podría haber hecho ya una reseña de El guardián entre el centeno, la primera que leí, por ser de cierto modo independiente del resto y siendo, indiscutiblemente, la que le dio su fama. Sin embargo, he preferido esperar y comenzar el trabajo ahora, empezando con la última que he leído: Nueve cuentos. Antes de empezar la reseña propiamente dicha, quiero decir algo sobre el orden en el que es recomendable leer la obra de Salinger. Ahora que tengo una visión global del conjunto, y sin arrepentirme del orden en el que las he leído yo (que os dejo, por si os interesa, en esta nota[2]), os aconsejo que sigáis el siguiente orden: El guardián entre el centeno, Franny y Zooey, Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción y Nueve cuentos.

El guardián entre el centeno puede leerse la primera o la última, indistintamente, pues es la única que, en cuanto a sus personajes y trama, no guarda relación con las demás. Os la he mencionado en primer lugar porque no deja de ser una obra de culto muy representativa de la literatura moderna y porque creo que es perfecta para empezar a tomar contacto con la narrativa propia de Salinger, que no es –ni mucho menos– convencional. Sí es cierto que leerla al principio podría causaros ciertas confusiones al intentar, como lectores, establecer ciertas relaciones entre el protagonista de ésta y los de las demás, pero creo que con que tengáis esto en cuenta no os provocará demasiados problemas.

Voy a intentar justificar, en la medida de lo posible, este consejo, aunque insisto en que me centraré en la reseña de Nueve cuentos, pues haré una de cada obra.

¿Por qué Franny y Zooey debe ser el primero? Porque es en esta obra donde empezamos a profundizar en la familia Glass y, más concretamente, en los hermanos Glass, que han tenido una educación fuera de lo común y se han criado participando en un programa de radio como niños superdotados. Los hermanos son, de mayor a menor, Seymour, Buddy, Boo Boo, Walt, Walker, Zooey y Franny.

Si leyeseis las obras en el mismo orden en que lo he hecho yo o, incluso, en el orden en que fueron publicadas, no pasará nada. Sin embargo, sí insisto en que os dejéis para el final Nueve cuentos, pues en el primero (Un día perfecto para el pez plátano) –que para mí ha sido el mejor junto con el último– se explica un acontecimiento fundamental en la vida de la familia Glass que ya se ha mencionado anteriormente pero que no se ha detallado hasta este momento. El poder saber lo que ocurre después de haber leído el resto de las obras, me ha resultado delicioso y sobrecogedor al mismo tiempo y no me gustaría que alguien se privase se vivirlo de ese modo. Os pido disculpas por la posible ambigüedad de estas palabras, pero en absoluto querría desvelaros una parte fundamental de la trama.

Nueve cuentos está formada por: Un día perfecto para el pez plátano, El tío Wiggily en Connecticut, Justo antes de la guerra con los esquimales, El hombre que ríe, En el bote, Para Esmé, con amor y sordidez, Linda mi boca y verdes mis ojos, El período azul de Daumier-Smith y Teddy.

El primero (Un día perfecto para el pez plátano) es desgarrador y realmente bueno; el protagonista es Seymour, el hermano mayor de la familia Glass y lo que ocurre se puede considerar una continuación de Levantad, carpinteros, la viga del tejado. La trama se divide en dos partes: la primera, la conversación telefónica que Muriel –la novia de Seymour– mantiene con su preocupada madre; la segunda, la conversación que el propio Seymour mantiene con una niña a propósito de los peces banana.

El tío Wiggily en Connecticut habla de dos viejas compañeras de universidad –Mary Jane y Eloise– que quedan en la acomodada casa de Eloise para beber y charlar. A medida que beben, Eloise abre más sus sentimientos y termina confesando lo mucho que extraña a un novio que tuvo y que murió en la guerra y lo maravilloso que era en comparación con su marido actual. Su hija aparece en escena con sus amigos imaginarios para denotar la falta de atención que sufre por parte de sus padres.

Justo antes de la guerra con los esquimales narra una breve historia de dos compañeras de tenis adolescentes, Ginnie y Selena. Siempre se cogen un taxi para volver a casa cuando terminan de jugar al tenis y Ginnie está harta de pagar siempre ella, por lo que sube a casa de Selena para que le dé el dinero que le debe. En casa de Selena, mientras espera a que ésta le pida el dinero a su madre, conoce a Franklin, su hermano de veinticuatro años, quien se queda un rato charlando con Ginnie y le hace cambiar de opinión: ahora prefiere llevarse bien con Selena, por lo que le perdona la deuda. Como veis, un relato que gira en torno a la amistad (o la ausencia de ella) y al amor adolescente.

El hombre que ríe es, con diferencia, el que menos me ha gustado. El narrador cuenta que, cuando tenía nueve años, pertenecía al Club de los Comanches y el Jefe de este club les llevaba en autobús después del colegio a Central Park para jugar al fútbol o al béisbol. Los sábados por la mañana les llevaba a lugares más abiertos y propicios para el deporte. Por las tardes, al regresar en autobús, el Jefe les contaba historias, siendo ésta la ocasión de “el hombre que ríe”, quizás clasificable en el género de terror. A todo esto se suma la presencia repentina de la novia del Jefe, que participa en los juegos hasta que, tras pelear con él, deja de ir a jugar. Esta historia es más anecdótica que otra cosa y si bien podría establecerse una relación entre la historia que cuenta el Jefe a los niños y lo que le ocurre a él con su novia, no creo que merezca mayor mención, aunque sigue dentro de las líneas de la escritura de Salinger y ya sólo por eso merece todo mi respeto.

En el bote tiene como protagonista a una de las hermanas Glass: Boo Boo. La trama se centra en su maternidad, que le está resultando problemática con su hijo de cuatro años, el cual no para de escaparse. Como familia adinerada, tienen una casa al lado del lago, en cuya orilla hay anclado un bote en el que el niño está jugando. La madre y el niño mantienen una conversación que deja entrever los miedos y dudas no resueltas del crío, así como el espíritu de una madre a la que le cuesta serlo.

Para Esmé, con amor y sordidez, es uno de sus cuentos más famosos. Fue publicado por primera vez en 1950 en The New Yorker y su éxito fue inmediato. Narra la historia de un joven soldado norteamericano en dos partes: la primera en plena guerra en 1944, cuando conoce a una chica de unos trece años –Esmé– en la iglesia de un pueblo; la segunda, cuando ya ha terminado la guerra y recibe la prometida correspondencia de la joven. El entusiasmo del soldado ante la perspectiva de hablar con la joven y su hermano pequeño y ante la promesa de ésta de que iniciará correspondencia con él aunque marche de nuevo a la guerra, se ve totalmente eclipsado al terminar la guerra, cuando nos encontramos a un joven pesimista que abre el sobre de la chica casi por casualidad.

Linda mi boca y verdes mis ojos me ha gustado mucho. Arthur llama por la noche a su amigo estando borracho para contarle que no sabe dónde está su mujer, quien es bastante propensa a no aparecer por casa debido a su promiscuidad y carácter despreocupado. El amigo intenta tranquilizarle, pero Arthur es incapaz de entrar en razón debido a su ebriedad y a la tortura psicológica a la que él mismo se somete. Todo queda en nada cuando la susodicha aparece en casa y Arthur vuelve a llamar a su amigo para decírselo, diciéndole que se encuentra mejor y que todo se solucionará. Con este cuento, Salinger nos habla de la volubilidad del carácter humano, especialmente cuando se trata de amor.

El período azul de Daumier-Smith nos cuenta la historia de un joven artista que termina yendo a trabajar con dos japoneses a una academia de arte en Canadá. El trabajo que allí desempeña está lejos de lo que esperaba, pero recibe el trabajo de una alumna que resulta ser una monja y que le llena de entusiasmo por la extraordinaria calidad de su arte. Llega a escribirle una carta en respuesta a su trabajo, quizás indagando demasiado, lo que probablemente provoca que el padre del convento retire su autorización a la monja para que siga estudiando a distancia en la academia. Picasso tiene cierta importancia en la trama, al menos metafóricamente, mientras que la reflexión en torno a la idea del arte se hace bastante profunda en ciertos sentidos.

Por último, Teddy me ha parecido el mejor. Habla de un niño superdotado de diez años que ha llegado a ser entrevistado por varios profesores de religión y filosofía de varias universidades, por lo que podréis haceros ya una idea del tema sobre el que el chico reflexiona en su conversación con un joven llamado Nicholson. El tema central tiene que ver con la idea de reencarnación y la paz interior, dos ideas que Salinger explota bastante en toda su obra, ya que tenía ideas muy cercanas al hinduismo y otras ramas religiosas orientales.

Ya para terminar, sólo diré que esta antología de los cuentos de Salinger me ha gustado especialmente y me parece totalmente recomendable. El autor tiene un estilo único, sórdido, directo y brusco que me encanta y que le caracteriza de un modo que no hay lugar a dudas en cuanto a poder reconocer su genio. Probablemente, uno de los mejores escritores del siglo XX sobre el que os prometo reseñar toda su obra.

SALINGER, Nueve cuentos.JPG
Fotografía: Ana Fernández

J.D. Salinger, Nueve cuentos, Alianza, 2011 (1953), 240 páginas.

NOTAS:

[1] Su primer relato, Hapworth 16, 1924, no fue publicado en forma de libro ni ha sido traducido al español. No he mencionado los cuentos que publicó independientemente porque fueron recopilados en la antología Nueve cuentos.

[2] Leí primero El guardián entre el centeno, seguida de Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción, Franny y Zooey y Nueve cuentos.

Seguro que esta historia te suena

Antes de que un buen amigo me empujase de cabeza y sin manguitos al mundo de K. Iribarren, ya había leído algo suyo, pero por una serie de circunstancias su obra había permanecido en mi lista de lecturas pendientes. No tengo nada malo que decir sobre la edición que voy a reseñar. Seguro que esta historia te suena es la tercera edición de la poesía completa de Karmelo Iribarren (n. 1959) y abarca su poesía entre 1985 y 2015. Sin embargo, se acaba de publicar su Poesía completa de 1993 a 2018; todavía no la tengo, pero sí que debo avisar de que este poeta recicla mucho sus poemas, por lo que os recomiendo que os compréis uno de estos dos ejemplares (teniendo en cuenta que en el segundo habrá bastantes poemas del primero, aunque también los que haya escrito entre 2015 y 2018). En el caso de Seguro que esta historia te suena, se incluyen los siguientes libros: La condición urbana (1995), Serie B (1998), Desde el fondo de la barra (1999), La frontera y otros poemas (2000-2005), Ola de frío (2007), Atravesando la noche (2009), Otra ciudad, otra vida (2011), Las luces interiores (2013), La piel de la vida (2013) e Inéditos y otros poemas. Todavía tengo pendiente Diario de K (que no está incluido), por lo que no puedo deciros nada sobre él por el momento.

El realismo sucio del que os hablaba a propósito de Bukowski se repite en nuestros días en autores como Karmelo, aunque en su caso podamos quizás hablar de una reducción de la crudeza literaria; por el contrario, sí comparte con ese tipo de realismo una palpable sobriedad expresiva, explicativa y descriptiva. Con pocas y sencillas palabras, Karmelo llega a pensamientos profundos con los que todos podemos sentirnos identificados y, aunque pueda parecer justo lo contrario, éste es un talento escaso y difícil de alcanzar.

Como temas comparte muchos con Bukowski o Panero –por ejemplo–, ya que de nuevo estamos hablando de la idea de poeta maldito que se autodestruye escribiendo poesía. Creo que no se podría entender a Iribarren sin el alcohol de por medio, aunque hay otros temas importantes como el paso del tiempo, las mujeres, el amor, la ciudad o la lluvia. Como veis, la variedad de temas es mayor que en los anteriores autores reseñados, por lo que me conformaré con dejaros ejemplos de sólo algunos de ellos.

Al igual que las mujeres terminaban con Bukowski, terminan con Karmelo. Esto no cambia, aunque sí que hay ciertos poemas en los que podemos ver pequeñas treguas para el amor e incluso piedad hacia el autor, lo que no ocurría con Bukowski, ni siquiera cuando escribía Poema de amor para Marina (su hija). En Iribarren vemos descansos de desamor, lo que a su vez enfatiza más el selectivo amor que se abre paso en su poesía. Os dejo dos ejemplos de los opuestos:

Cómo decíroslo:

el nóbel, el cervantes,

el príncipe de asturias,

nada,

papel mojado, chatarra, al lado

de una mirada suya[1].

 

Enamorarse no tiene

mayor mérito.

Lo realmente difícil

–no conozco

ningún caso–

es salir entero

de una historia de amor [2].

Karmelo no se autocensura. Ha vivido, ha experimentado y nos cuenta las consecuencias de todas esas vivencias, que ahora acuden a su memoria disfrazadas de nostalgia. La ciudad y la lluvia son temas centrales en su poesía, convirtiéndose una en escenario de sus pensamientos y otra en perfecta compañera:

¿Qué haces?

Nada. Solo

miro llover

sobre la plaza.

Y se sentó a su lado.

Y se sumó,

en silencio,

a aquella celebración

de la nostalgia,

a aquella exuberancia

de la melancolía[3].

Veamos ahora, resumido perfectamente en un único poema, lo que suponen para el autor las noches y las mujeres:

Me acerco

a la ventana:

la noche

me llama

como el pelo desordenado

de una mujer[4]

Los fragmentos o poemas que os estoy enseñando son totalmente insuficientes para profundizar en el mundo iribarriano, pero creo que sí pueden ser útiles para llegar a formar una noción de su poesía. En el caso de las mujeres, hay una ambigüedad preciosa que nos llena de ternura, ya que al mismo tiempo que algunas terminan con él o le reprochan su actitud, con otras comparte una complicidad deliciosa que sabe reflejar muy bien en algunos poemas. La lluvia, los domingos, las ciudades, los bares, el alcohol, los viejos tiempos y los nuevos, la vejez, la realidad social vista desde perspectivas opuestas, son las reflexiones que caben destacar en este autor. Intuiréis que me estoy agobiando un poco, pues realmente me encanta Karmelo y de ser por mí destacaría bastantes poemas, pero no es ese el fin de la reseña. En cuanto a la pregunta que solemos hacernos en una recopilación de poesía completa (¿qué parte nos ha gustado más?) no sabría responder, aun teniendo en cuenta que utilizo el libro de Iribarren como una biblia de consulta literaria más que como otra cosa. Os habréis dado cuenta de que he procurado dejaros fragmentos extraídos de diferentes libros para dar un sobrio y efímero paseo sin caer en el error de la repetición. Me gustan mucho Serie B (1998) y Las luces interiores (2013), lo que confirma mi idea de que estamos hablando de un poeta constante en su estilo y calidad, al menos por el momento. Pero insisto en que soy reticente a elegir uno de los libros que forman la obra final, ya que todos ellos guardan joyas en su interior. Supongo que os gustaría que terminara la reseña destacando algún poema. Os dejo mi lista de imprescindibles en esta nota[5] y hago el esfuerzo (por vosotras y vosotros), de terminar homenajeándole con este:

Qué hago

mirando la lluvia,

si no llueve[6].

Iribarren, Seguro que esta historia te suena.JPG
Fotografía: Ana Fernández

Karmelo Iribarren, Seguro que esta historia te suena, Renacimiento, 2015 (2012), 336 páginas.

 

NOTAS:

[1] “Como un trocito de cielo”, La frontera y otros poemas, Karmelo Iribarren, Seguro que esta historia te suena, Renacimiento, 2012, p. 153.

[2] “Lo difícil” (fragmento), Desde el fondo de la barra, Op.cit., pp. 224-225.

[3] “Momentos” (poema completo), Las luces interiores, Op.cit., p. 308.

[4] “Sábado noche” (poema completo), Inéditos y otros poemas, Op.cit., p. 358.

[5] “Lágrimas de mujer”, “Ritual sangriento”, “Los amigos, estar con ellos”, “Tú misma”, “¿Dios?”, “Eso era amor”, “Déjame hacerlo”, “Ahora”, “El incontestable”, “Ana”, “Mejor así”, “Mañana nos vemos”, “Lo difícil”, “Sencillo”, “Tenía que ser así”, “El amigo”, “El amor”, “Los días normales”, “En el tren”, “La vida sigue”, “Solo lo fugitivo permanece y dura”, “Las ciudades”, “En el último bar”, “El pasado”, “Domingo, tarde”, “Momentos”, “Puertas”, “Memorias de un explorador”, “La ciudad”, “Algunos días”.

[6] “Domingo, tarde”, Las luces interiores, Op.cit., p. 307.