La lluvia invertida

 

He venido

a conquistarte

los versos

a arrancarte

la tristeza

donde el alma caza

haciendo escala

en inventarios

de paisajes lentos

en los que la lluvia

cae hacia arriba

y no te moja

y yo pregunto

y ella calla.

 

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Tolouse Lautrec, A Montrouge – Rosa la Rouge, 1886-1887.

La poesía

 

He tropezado con el cadáver de un poema

que escribió mi delirio en la densidad del alma.

Ahora resurge de las cenizas el cielo nublado

de los miedos que gritaban los jinetes del Juicio.

Poesía, gran tragedia de los días y las noches.

 

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Seguidor de Francisco de Goya, El coloso, 1818-1825.

Leyenda urbana

 

Un museo resumía la ciudad.

La lluvia en los cristales silenciaba

a los ojos escondidos en el lienzo,

olían a tiempo y a pérdida, gritaban,

pedían auxilio al visitante ecuánime.

 

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Vicente López, El pintor Francisco de Goya, 1826.

Siglo XXI

 

Las liebres corren sobre el papel en blanco,

dejan sus huellas en el abismo.

La madre naturaleza muere en silencio,

los otoños desaparecen en el alba.

Hay gotas de sangre en la hierba,

caen de la herida abierta del puma moribundo.

El cielo está negro como los pulmones

del fumador sin conciencia y suicida,

tus besos saben a cenizas y a humo.

 

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Santiago Giralda, The build up, 2013.

Otro cuento en la ciudad

 

Mientras esperaba en el andén de tu cama

retomaba su tristeza mi sombra en el instante

de mis letras acechadas por tu orgullo.

 

Deja de taparme el cielo con tu mirada torva,

para redimirte de mí necesitas la contraseña

de mis noches opacas.

 

Se agotan mis recursos naturales. Grito.

Busco el egoísmo de tus ojos en mi pecho.

Renazco en él.

 

Hasta aquí mis pensamientos.

Se te ha acabado el juego del balancín:

busca mis susurros en la ciudad sin nombre.

 

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Édouard Manet, Un bar aux Folies Bergère, 1882.