Dioses y mitos del Antiguo Egipto

Obra de lectura obligatoria para todo el que quiera adentrarse en el mundo de la mitología egipcia. He leído bastante sobre esta civilización y éste es el primer autor que –en mi humilde opinión– hace una síntesis perfecta sobre los principales dioses y mitos. No obstante, es necesario que se tenga en cuenta que se trata de una síntesis hecha sobre un mundo de una complejidad inmensa, por lo que quizás no sea una obra adecuada para alguien que quiera profundizar en ello a un nivel muy exigente.

Ya el índice me resultó prometedor, pues a diferencia de muchos otros destinados a este tema, nos ofrece una organización que considero extraordinaria, pues es realmente difícil lograr una cierta coherencia temática en lo que se refiere a la mitología egipcia, debido a su complejidad. El equilibrio entre texto e ilustraciones me ha resultado magnífico, habiendo sido éstas elegidas de manera muy acertada. Resulta complicado perderse en los nombres y funciones de las distintas divinidades, lo que para mí ya resulta un logro tremendo. Se podría decir que el autor divide a las principales divinidades en tres grandes grupos: la Gran Enéada de Heliópolis, la Tríada de Menfis y la Tríada de Tebas (divididos a su vez en capítulos sobre cada uno de los dioses y sobre mitos importantes), para después dedicar otros capítulos a otras divinidades destacables, explicando dónde, cómo y por qué surgen.

Es importante entender la diferencia entre la mitología egipcia y otras como pueden ser la griega o la romana: mientras que de la segunda tenemos, a día de hoy, una noción bastante completa y una ingente cantidad de documentos que nos permiten ampliar nuestro conocimiento e ir encajando las piezas de un enorme rompecabezas, la primera está aún inmersa en un mar de dudas y cuestiones sin resolver. En mi opinión, esto es determinante a la hora de escribir un libro dedicado al tema, pues es un proyecto no sólo ambicioso, sino arriesgado. Creo que los factores sociales, políticos y culturales tienen muchísimo más peso en la civilización egipcia; por ejemplo, en el caso de la mitología griega podemos saber que cierta deidad tenía más importancia en una ciudad concreta, lo que queda reflejado en el arte y los programas iconográficos de los templos. En Egipto, hasta donde he podido saber, esta idea es mucho más complicada, pues las distintas divinidades parecen trasladarse de unos lugares a otros a lo largo de los tiempos, habiendo tenido mucho que ver la constante sucesión en el poder de las diferentes dinastías, de forma que en un mismo templo[1] podemos encontrarnos escenas dedicadas a divinidades que, en un principio, no tendrían por qué compartir espacio. Si a esto le sumamos una idea fundamental de la civilización egipcia como es la del faraón entendido como el nexo de unión entre los seres humanos y las divinidades, llegamos a tener una idea de la complejidad que estamos intentando abarcar.

Por tanto, me parece que ésta es una obra muy acertada en lo que se refiere a permitirnos dar un paseo a través de una mitología extraordinariamente difícil de trabajar. Al final, A. Armour ofrece un glosario, un esquema de todos los dioses tratados, una breve (aunque útil) cronología, el antiguo calendario egipcio y una relación de museos y bibliografía. En conclusión, una obra totalmente recomendable para todo amante de la egiptología.

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Fotografía: Ana Fernández

Robert A. Armour, Dioses y mitos del Antiguo Egipto, Alianza editorial, 2014 (1986), 320 páginas.

 

NOTAS:

[1] Me tomo la licencia de utilizar este término en alusión a las distintas obras arquitectónicas de la civilización egipcia.

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Tengo mucho que decir sobre esta obra de Roberto Bolaño (1953-2003). En primer lugar, quiero mencionar dos datos importantes: es una obra póstuma y en un principio fue proyectada por Bolaño para ser publicada como cinco libros que cerrarían una saga. Seguramente no haga falta mencionar el hecho de que es, muy posiblemente, uno de sus trabajos más famosos junto con Los detectives salvajes o El tercer Reich, aunque resulta difícil destacar algo concreto en Bolaño, ya que no se puede negar su reconocimiento en el mundo de la literatura. Lo que siento es haberme sumergido por primera vez en su obra precisamente con este título, y me explico.

Los cinco libros que habrían conformado el producto final de la idea originaria se convierten en cinco partes o capítulos[1]: “La parte de los críticos”, “La parte de Amalfitano”, “La parte de Fate”, “La parte de los crímenes” y “La parte de Archimboldi”. Partamos de la idea de que las cinco están interrelacionadas entre sí. Habrá quien afirme que el nexo común son los crímenes[2] que se producen en la ciudad ficticia de Santa Teresa[3], en México; asesinatos y violaciones de mujeres insertas en un amplio abanico de edades, aunque con una marcada tendencia a la juventud. No obstante, creo que es evidente que el nexo común es el propio Archimboldi, un escritor alemán cuya figura, rodeada siempre de un halo de misterio, abre y cierra lo que considero una obra cíclica, que no lineal.

Me detengo un momento para explicar esta idea, pues sin ella no podría entenderse la obra. Rechacemos la idea de una historia con un principio y un final: no es eso lo que el lector potencial debe buscar en este título de Bolaño. Lo que se encontrará será una historia sin resolver, una historia cuyo final nos deja con los hombros caídos y un gesto de resignación en la mirada, pues creo que instintivamente siempre buscamos, en nuestro oficio de lectores, un resultado, algo que nos permita cerrar nuestro libro, ya sea con un suspiro de alivio, de emoción o de tristeza.

En mi opinión, las mejores partes son la primera y la última, lo que subraya mi idea del carácter cíclico del conjunto, ya que las partes intermedias funcionan como una especie de motor que impulsa la trama, con mucha fuerza en algunos casos, hacia el final del ciclo. La parte dedicada a Amalfitano tiene connotaciones filosóficas y estéticas muy vanguardistas y quizás sea esa la razón por la que se hace un poco más compleja su lectura. La parte de Fate me dejó bastante fría y creo firmemente que el conjunto de la obra habría funcionado a la perfección sin ella; es, quizás, la menos trascendente en todos los sentidos. Me detengo un poco más en la parte de los crímenes: no sólo se me ha hecho interminable, sino que con toda sinceridad, me ha resultado repugnante. Como es evidente, el lector espera encontrarse con el momento más duro de la novela, pues a esas alturas puede anticipar una descripción pormenorizada de los crímenes y violaciones que se dan en Santa Teresa. Lo que probablemente no espere es la ingente cantidad de crímenes y escenas descritas, que –aviso– pueden llegar a ponernos mal cuerpo, algo que hasta ahora no me había ocurrido. Me ha parecido viciosa e innecesaria, en ese orden.

En lo que respecta al título, muchas hipótesis y pocos resultados claros. No se sabe con certeza si hace referencia a un año futuro en el que se podría englobar de algún modo el conjunto de personajes y acontecimientos que se suceden. Personalmente, me inclino a pensar que guarde algún tipo de relación con la cantidad inmensa de asesinatos de mujeres que se produce, aunque eso es algo que dejo para los expertos en el autor. No hay referencia explícita a esa cifra en ninguna de las 1180 páginas de la obra, aunque en algún momento se menciona un número que se le puede acercar.

Podría decir muchas más cosas sobre esta obra, pero tengo la intención de hacer reseñas asequibles y no demasiado extensas, por lo que terminaré destacando un par de reflexiones que, una vez más, coinciden con la primera y última parte, y que son las únicas que me ha merecido la pena destacar o, incluso, rescatar de este caótico pozo: en la parte de los críticos, concretamente en las páginas 44 y 45, hay una reflexión muy interesante en torno a Grosz[4]. También me gustó bastante una reflexión alrededor de la escritura que se desarrolla entre las páginas 1040 y 1045.

Sería hipócrita e irresponsable dar fin a esta reseña sin otorgar a Bolaño el reconocimiento que creo que se merece como escritor pues, independientemente de que esta novela no haya sido santo de mi devoción, cualquiera podría ver la calidad de su narrativa, su enorme capacidad para desarrollar una notoria cantidad de personajes con particularidades visibles o su responsabilidad para con la escritura en general, a la que debió tener un respeto intachable.

Siempre intentaré rescatar una frase o una idea en cada una de mis reseñas que, de algún modo, me haya llegado al corazón. Empiezo pues, con Bolaño: “con un ojo leía, con el otro escribía” (página 1115).

 

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Fotografía: Ana Fernández

Roberto Bolaño, 2666, Debolsillo, 2017 (2004), 1180 páginas.

 

NOTAS:

[1] Aunque cualquier lector puede entender estas partes como capítulos, no me gusta darles ese nombre por no corresponder con la idea del propio autor, que como bien se aprecia en los títulos, habla claramente de “partes”, algo que considero no está hecho al azar.

[2] Feminicidios.

[3] Trasunto indudable de la ciudad de Juárez.

[4] George Grosz (1893-1959) fue un pintor expresionista alemán.