Insomnio de verano

 

Mi cuerpo

tiene una forma especial

de pesar sobre las sábanas

en noches cerradas con vistas a espejismos

que se hacen pasar por sueños.

Una angustia en la garganta

me recuerda la adicción de la ciudad

mientras la memoria del silencio

me hace dueña de sus lágrimas.

Revoco mi esperanza de hacerme otra

en los anhelos surgidos

de aquello que no pronuncio.

Son las historias del insomnio de verano

que nacen en camas mojadas

de sudor y lágrimas que se confunden

en sus caídas o suicidios.

 

1977.110_habitacion-hotel.jpg
Edward Hopper, Hotel room, 1931.

El riesgo de la poesía

 

Hay poemas que

nos envejecen unos cuantos años

por callarlos

y hoy me distancio de las palabras

que apuestan por mí

porque la noche está en tus ojos

y paseo por ella

sobreviviendo a mi memoria,

sobreviviéndote

con peligro,

pero sin prisas.

 

Goya_Dog.jpg
Francisco de Goya, Perro semihundido, 1819-1823.

Leyenda urbana

 

Un museo resumía la ciudad.

La lluvia en los cristales silenciaba

a los ojos escondidos en el lienzo,

olían a tiempo y a pérdida, gritaban,

pedían auxilio al visitante ecuánime.

 

Vicente López, El pintor Francisco de Goya.jpg
Vicente López, El pintor Francisco de Goya, 1826.

Siglo XXI

 

Las liebres corren sobre el papel en blanco,

dejan sus huellas en el abismo.

La madre naturaleza muere en silencio,

los otoños desaparecen en el alba.

Hay gotas de sangre en la hierba,

caen de la herida abierta del puma moribundo.

El cielo está negro como los pulmones

del fumador sin conciencia y suicida,

tus besos saben a cenizas y a humo.

 

Santiago Giralda, The build up.jpg
Santiago Giralda, The build up, 2013.

Otro cuento en la ciudad

 

Mientras esperaba en el andén de tu cama

retomaba su tristeza mi sombra en el instante

de mis letras acechadas por tu orgullo.

 

Deja de taparme el cielo con tu mirada torva,

para redimirte de mí necesitas la contraseña

de mis noches opacas.

 

Se agotan mis recursos naturales. Grito.

Busco el egoísmo de tus ojos en mi pecho.

Renazco en él.

 

Hasta aquí mis pensamientos.

Se te ha acabado el juego del balancín:

busca mis susurros en la ciudad sin nombre.

 

Edouard_Manet,_A_Bar_at_the_Folies-Bergère.jpg
Édouard Manet, Un bar aux Folies Bergère, 1882.