It

Os traigo la primera reseña de una novela del gran Stephen King, aunque a este paso estoy segura de que no será la última: señor King, me declaro públicamente su admiradora. Este año, llevada por un inexplicable aunque creciente deseo de sumergirme por primera vez en el género de terror, leí La zona muerta (también de King); me pareció bastante pobre y no me sedujo demasiado. Sin embargo, una buena amiga me regaló El resplandor, una obra que sin duda tenía pendiente. Así fue como empezó mi relación con el género que, a manos de su más reconocido representante, me ha terminado por conquistar.

¿Por qué me ha sorprendido tanto Stephen King? Porque existen prejuicios literarios y yo los he tenido. King es un autor que ha publicado muchos libros en muchas ediciones y algunos de ellos –sin ir más lejos El resplandor o La milla verde– han pasado a la gran pantalla; además, su especialidad es el terror y la ficción. Por esas razones (totalmente ilógicas, si lo pienso detenidamente) no me esperaba encontrar entre sus páginas frases, reflexiones o ideas que han ido a parar a mi cuaderno de “grandes maestros”. De todos modos, me siento feliz disfrutando su obra, pues quizás me hiciese falta esa lección de humildad y también ese ejemplo que demuestra que dentro de la ficción también puede haber grandes lecciones de vida.

It se ha convertido, posiblemente, en uno de los libros que a más personas he recomendado nunca. La considero una obra universal que, muy probablemente, sea del gusto de una inmensa mayoría de lectores, tengan las preferencias que tengan. Esto es algo tan difícil de conseguir, que ya sólo con eso King se merece mis más grandes respetos.

El juego temporal que desarrolla el autor en la novela me parece extraordinario. Los acontecimientos se van sucediendo haciendo saltos entre el pasado y el presente y todo ocurre en Derry, Maine, Estados Unidos. Estos saltos suelen ser peligrosos para un escritor, pues no sólo debe lograr establecer un hilo conductor muy sólido y recordar cientos –miles– de datos concretos, sino lograr que el lector o lectora también lo haga. Pues bien: King lo consigue.

Bajo la ciudad de Derry, un monstruo se empeña en saciar su apetito manifestándose ante los niños disfrazándose de sus más arraigados miedos. A lo largo de la trama, se va entendiendo que si el monstruo atormenta especialmente a los niños, es porque en ellos es mucho más fácil encontrar y hacer crecer el miedo irracional. El disfraz más utilizado por el monstruo, es el de un terrorífico payaso que se hace llamar Pennywise.

La historia la protagoniza un grupo de siete amigos[1] que se hacen llamar “los perdedores”, pues sufren un acoso constante en su colegio por parte de chicos más mayores que también tendrán su protagonismo en la historia, aunque procuraré desvelar lo menos posible. En el presente (1985), esos niños se han convertido ya en adultos que se reúnen de nuevo para acabar con el monstruo, ya que en el pasado (1957-1958), tras debilitar al monstruo, hicieron un pacto de sangre según el cual, pasase lo que pasase, se reencontrarían para asestarle el golpe final. Así, entre saltos en el tiempo, los lectores se sumergen en una historia que le ponen los pelos de punta y que no le permiten dejar de leer en ningún momento (hablo en serio: la narrativa de King es realmente adictiva).

Bill es el jefe de la pandilla, no porque busque serlo sino porque por alguna razón los demás se sienten protegidos bajo su presencia. Desde que son niños, comienzan a referirse al monstruo como “Eso”, ya que resulta imposible darle un nombre menos subjetivo. Esto es importante, pues al final del libro King explicará, aunque dejando siempre margen a la duda y al misterio, qué es el monstruo, dónde y cómo surgió y por qué vive en Derry. Esta última explicación es la parte más difícil de comprender, pero os aseguro que no está cogida con hilos, sino que dentro de la ficción que el autor ofrece, podemos llegar a creer en ella.

Uno de los temas mejor trabajados –aunque de verdad me cuesta mucho hacer una selección– es el de la amistad, con unas frases tan preciosas como ésta:

“Entre los tres se hizo el silencio. Pero no era un silencio incómodo. En él se hicieron amigos”[2].

Pelos de punta.

La amistad es un tema imprescindible en el desarrollo de la trama. Los protagonistas se van a ir conociendo en distintas situaciones, pero será el hecho de que cada uno de ellos se haya encontrado con Eso individualmente lo que les terminará uniendo para siempre, creando unos fuertes lazos entre ellos.

Por otro lado, quiero recalcar el hecho de que estamos hablando de un libro de mil quinientas páginas (en la edición de bolsillo). Como lectores, sabemos que una buena obra puede ser tan extensa como quiera, siempre y cuando mantenga su calidad a lo largo de tantísimas páginas. Más difícil resulta que un autor consiga algo que seguro que os ha ocurrido alguna vez: no querer que el libro que estáis leyendo se termine. Bien. Es la primera vez que a mí me ocurre esto con un libro de semejante extensión (y creedme, he leído libros muy largos y muy buenos, como la saga de Los pilares de la tierra, que seguro que conocéis). Mientras avanzaba por sus páginas, seguía viendo que me quedaba un buen trecho por recorrer y entonces suspiraba aliviada. Increíble.

Entre decenas de narraciones, descripciones y sucesos, os podréis encontrar auténticas perlas que King deposita con absoluta humildad y de modo que podrían llegar a pasar desapercibidas a los lectores de no ser por ser lo que son. Perlas literarias:

“La tristeza del verano no tiene cura[3]

“Los dos rieron, cansados pero felices[4]

“Se sentía a salvo en las lágrimas[5]

“El ruido de la lluvia y el silencio compartido[6]

De verdad que me quedaba sin palabras cada vez que mis ojos se encontraban semejantes joyas, de las que sólo he seleccionado unas pocas. Que un autor logre escribir una obra de semejante extensión, dentro de un género tan particular, con una trama que a pesar de dar saltos temporales constantemente logra no sólo dejar claro lo que está ocurriendo, sino mantener al lector embelesado, me parece algo sublime. Un auténtico don.

No quiero hacer un análisis pormenorizado de los personajes porque en una obra como ésta me parecería un pecado, incluso siendo consciente de que estoy haciendo una reseña para otros lectores y lectoras. Quiero que lo leáis como lo hice yo: partiendo de cero, dejándoos envolver por la narración, por la vida personal de cada personaje, por las descripciones de la lluviosa Derry y sus habitantes. Quiero que la obra os envuelva, que no os deje ir a dormir y que, cuando os levantéis, penséis en el momento en el que podréis volver a abrirla.

Me despido ya, aunque os dejo un adelanto: como os he dicho al principio, ya leí El resplandor. Pero como King me dejó con tantísimas ganas, leí también Cementerio de animales y ahora estoy con El talismán y La milla verde. Y ¿sabéis qué? No tengo intención de parar.

Stephen King, It.JPG
Stephen King, It, Debolsillo, 2016 (1986), 1504 páginas.

 

NOTAS:

[1] Bill Denbrough, Ben Hanscom, Beverly Marsh, Richie Tozier, Eddie Kaspbrak, Mike Hanlon y Stan Uris.

[2] Stephen King, It, Debolsillo, 2016, p. 317.

[3] Op. cit., p. 221.

[4] Op. cit., p. 363.

[5] Op.cit., p. 1049.

[6] Op.cit., p. 1107.